La muerte no es sólo un tema de reflexión, de estudio o investigación. La muerte es una figura existencial, es un elemento vinculado a la realidad humana.
La Tanatología puede ser considerada como el estudio del límite superior de todo lo que pertenece a la vida del ser humano, incluyendo el conocimiento.
Cuando el tema de la muerte arriba a mis pensamientos, acepto que hay un límite en el tiempo de mi vida, que soy finita. Este entendimiento es muy útil y puede cambiar la forma en que elegimos vivir el resto de nuestra vida.
- Me anima a hacer algo productivo con mi tiempo. Esto es, trato de vivir plenamente y no sólo ocupar un espacio en este mundo.
- Entiendo la importancia de mi existencia y la trascendencia de mis actos.
- El verdadero propósito de mis acciones permitirá que deje este mundo con la sensación de haber vivido plenamente y trascender a través de éstas. Después de estos meses de estudio me queda claro: el ser humano es mortal. “La vida es una enfermedad mortal, hereditaria y de transmisión sexual” (Etienne Godinot).
- Ante el conocimiento de la inevitabilidad de la muerte, me propongo vivir con mayor intensidad, identificar el sentido de mi vida y mejorar la calidad de mis relaciones con los demás.
- Intercambio palabras como “gracias” y “perdón” que me permiten reforzar o crear vínculos.
- Tengo una visión esperanzadora que facilite proseguir mi recorrido personal, reconociendo y aceptando la muerte como parte del orden natural; detectando mis miedos (para vencerlos), las creencias y los valores que me asisten en el vivir y me permiten coexistir; observo y procuro cubrir mis necesidades de seguridad, confianza, afecto y al mismo tiempo de libertad, autonomía e identidad.
- Ratifico mi compromiso de participación en la transformación del mundo, contribuyendo para ello primero, en la de mi mundo inmediato.
- Ahora entiendo también que la muerte interior -la de mis objetivos, mis planes, no desarrollar, no aprender, no hacer preguntas, suspender mi crecimiento, no creer- es más limitante que la muerte física.
- Ahora sé que la mejor forma de superar el miedo a la muerte es vivir una vida dirigida a ser cada vez mejor ser humano, donde luche contra las situaciones de adversidad cuando se presenten.
- El eje de mi quehacer profesional siempre se da plenamente al servicio de los demás.
- Trato de vivir el momento conscientemente. “La vida es demasiado corta para ser pequeña", dijo Benjamin Disraeli. “Lo único triste es que fuera lineal”.
- Atiendo en la medida de mis posibilidades, mis pérdidas no resueltas.
- Tomo decisiones de vida considerando que no estoy sola.
- Con la edad y experiencia, procuro identificar las "pequeñas muertes", de mi personalidad.
- Promuevo la cercanía con mis seres queridos , poniendo especial atención en aquellos que pasan por períodos de enfermedad, hospitalización, jubilación, despidos, dolor financiero.
- Pretendo también facilitar el duelo de mi familia, legándoles el recuerdo de una persona que vivió su muerte como un logro.
- A través de mis acciones, actitudes, trabajo y relaciones, procuro llamar a otros a la vida, alentarlos a la búsqueda del sentido y dirección de su existir, vivir el momento presente, comprometerse con la apertura, el altruismo, la convocatoria de un mayor respeto por la vida suya y de los demás.
- La muerte (la mía, la de un ser querido) es un momento de verdad de mí misma. En los últimos dos años no he vivido la muerte de personas cercanas, sin embargo ahora sé que la familia y los amigos son una pieza clave para el soporte en la resolución del duelo (además de los recursos propios), por tal motivo es importante ejercer las muestras de afecto y apoyo.