Durante el verano es agradable refrescarse dándose un chapuzón en una alberca. Pero hasta los pasatiempos aparentemente más inofensivos pueden tener sus riesgos. Uno de los riesgos de divertirse en la alberca es desarrollar una otitis externa, comúnmente conocida como oído de nadador.
El exceso de humedad dentro del oído favorece el desarrollo de bacterias y hongos que pueden causar infecciones. Algunos factores que pueden predisponer a la infección son:
- Nadar en aguas contaminadas
- Rascarse dentro del oído
- Tener un objeto clavado en el oído
Entre los síntomas del oído de nadador se encuentran:
- Dolor que puede aumentar con la palpación o manipulación del oído externo
- Comezón
- Drenaje amarillo o verdoso, con pus o con mal olor
Para el tratamiento, el médico indicará gotas para los oídos que pueden contener antibióticos y/o corticoesteroides para tratar la comezón e inflamación.
Aunque normalmente la enfermedad suele responder bien al tratamiento, de no seguirse adecuadamente pueden desarrollarse algunas complicaciones.
Para prevenir el oído de nadador es importante:
- Evitar rascarse dentro del oído
- Evitar introducir hisopos de algodón o cualquier otro objeto
- Evitar la entrada de agua a los oídos durante la ducha o el baño
- Secarse bien los oídos después de nadar
- Usar tapones para los oídos si se va a nadar con frecuencia
- Evitar nadar en aguas contaminadas
- Se puede aplicar una combinación de una gota de alcohol y una gota de vinagre en cada oído después de exponerse a la humedad, esta mezcla ayudará a prevenir la proliferación de bacterias.
