Los trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia y la bulimia son llamados patologías emergentes y se presentan en México a razón de 20 mil casos nuevos por año. De estos casos el 90% son mujeres, 50% no logran recuperarse y 20% mueren a consecuencia del suicidio.
No existe una única causa para la aparición de un trastorno de este tipo, más bien se entretejen diversos factores que pueden ser diferentes para cada persona destacándose la inseguridad, el deseo excesivo de “tener todo bajo control”, una imagen corporal distorsionada y desear un cuerpo perfecto, la historia familiar de depresión o trastornos de la alimentación, los problemas familiares severos, la historia de abuso sexual y la presión social extrema.
Así mismo existen diferentes tipos de tratamientos como los dietéticos, farmacológicos, psicoterapia y los grupos de autoayuda. Sin embargo, existe un número de pacientes que a pesar de intentar repetidamente unas y otras modalidades de tratamiento no logran liberarse de la enfermedad y caen cada vez en un deterioro físico y mental más profundo.
Una alternativa recientemente propuesta para este grupo de pacientes con un riesgo inminente de muerte por suicidio o por los efectos colaterales de la enfermedad es la neurocirugía. Esta técnica “borra” las obsesiones de la mente de los pacientes y es la última opción de vida para pacientes terminales.
¿Cómo ayuda la neurocirugía a los pacientes con anorexia y bulimia?
El objetivo de este tipo de tratamiento es localizar y modificar regiones cerebrales para eliminar padecimientos que se presentan en el sistema nervioso. Es una delicada intervención quirúrgica que se realiza a través de electrodos y ondas de radiofrecuencia en las zonas del cerebro que regulan el placer, la memoria, el aprendizaje, el sueño, la vigilia y la perpetuación de las ideas y se emplea para el tratamiento de anorexia, bulimia, trastornos obsesivo-compulsivos y agresividad incontrolable. Aunque este tipo de cirugía se ha usado en Estados Unidos y Europa desde hace algunas décadas, en América Latina es una técnica reciente siendo Chile el país de esta región con avances más significativos. México es pionero en la utilización de esta técnica, habiéndose realizado ya algunas cirugías en Centro Médico Nacional 20 de Noviembre y en algunas otras instituciones de salud.
Según los especialistas, tras la intervención quirúrgica, las pacientes en que se ha empleado esta técnica se han recuperado satisfactoriamente recuperando peso, y logrando tener una vida normal.
¿Quiénes son candidatos a la cirugía?
Los pacientes que puedan ser seleccionados para esta modalidad de tratamiento deben cumplir con los siguientes requisitos:
- Que hayan sido evaluados por dos psiquiatras diferentes por al menos dos años.
- Que tengan un mínimo de dos años con la enfermedad bien documentada.
- Que hayan tenido tratamiento con medicamentos y terapias por un mínimo de dos años y que en conjunto estos no hayan dado solución al problema.
- Que se agote toda la línea de tratamiento farmacológico y terapéutico sin respuesta positiva.
- Que su vida esté en riesgo.
Desventajas de la técnica
Algunos científicos opinan que aún no se conoce lo suficiente al cerebro y las zonas que regulan las conductas como para destruir algunas de ellas para corregir enfermedades. Por otro lado no existen estudios a largo plazo sobre las consecuencias de estas cirugías y es probable que entorpezcan otras conductas importantes para la supervivencia.
Aunque algunas de las pacientes intervenidas en México no han tenido hasta el momento ninguna complicación posterior, se han dado casos también en los que se presenta una pérdida de la memoria a corto plazo después de la cirugía.
Sin duda, esta técnica debe considerarse como una operación de alto riesgo y los pacientes que se sometan a ella deben aceptar que la intervención puede ocasionar algunas complicaciones como pérdida de la memoria, del habla e incluso amputación. Estos riesgos deben ponerse en una balanza para quienes el trastorno alimentario significa estar al borde de la muerte.
